Terroristas y jóvenes por el clima

(Moisés S. Palmero Aranda, Educador ambiental) Las noticias de los jóvenes reivindicando, exigiendo, luchando, contra la emergencia climática se suceden estos días. Su apasionada, épica y titánica revolución en las calles y en los juzgados, me mantiene ilusionado, expectante, esperanzado. No será fácil conseguir la victoria porque es una pelea desigual, ya que se enfrentan a Goliat, a los dioses del Olimpo, a las fuerzas oscuras de Mordor, a los hombres grises, a los borregos que, como la Bruja Avería, gritan eufóricos y engañados, ¡viva el mal, viva el capital!

Perdonen el tono belicista, pero lo que estamos viviendo en estos momentos es la madre de todas las guerras, una batalla que puede acabar con la humanidad si no tomamos partido. Ha llegado el día de enfrentarnos al Juicio Final, y los jueces, al menos en este país, no defienden la libertad, la justicia, el bien común, son marionetas de las industrias más contaminantes del planeta y de sus hipócritas encubridores que son los políticos, teóricamente, nuestros representantes, los que tienen que defendernos y garantizar que los Derechos Humanos se cumplan.

Miles de jóvenes de todo el planeta han vuelto a salir a las calles para pedir el final de los combustibles fósiles, uno de los grandes causantes del Cambio Climático. Lo han hecho coincidiendo con la Cumbre de Ambición Climática de las Naciones Unidas celebrada en New York estos días.

Otra cumbre más, otra reunión para seguir perdiendo el tiempo, para justificar su inacción, para apaciguar a las masas, para salir sonriendo diciendo “estamos trabajando en ello”. Otra cumbre previa a la COP28, que se celebrará a finales de año en Dubai. ¿No hay mayor tomadura de pelo que celebrar la Cumbre de la Tierra sobre el Cambio Climático en la casa de uno de los grandes productores de petróleo?

Con estas manifestaciones los jóvenes buscan despertarnos, zarandearnos, invitarnos a pasar a la acción, para que salgamos a defendernos, a exigir que las leyes se cumplan, que piensen en la vida, en la naturaleza, en la ciudadanía. Porque nuestra única oportunidad, para limitar el incremento de la temperatura global del planeta por debajo de los 1,5 grados, es ir todos juntos, respaldados por la ciencia, por las evidencias y consecuencias que ya estamos viviendo. Ellos tienen el poder en sus manos, la capacidad de tomar decisiones; nosotros somos la fuerza, el huracán, pero divididos, separados, adormilados, solo somos una brisa que acaricia sus mejillas y los hace sonreír.

Pero los jóvenes han ido más allá porque saben que las protestas no son suficientes si no están respaldadas por la mayoría. Así que han decidido llevar su lucha a los juzgados. Decenas de querellas a los Gobiernos por inacción, por falta de ambición, por complicidad se están dirimiendo por todo el mundo. A finales de este mes, sabremos si la denuncia de seis jóvenes portugueses a los 32 Estados de la Unión Europea prospera, y los obliga, porque serán vinculantes, a cumplir las mismas leyes y acuerdos que firman y esconden en los cajones.

En Montana, EEUU, un grupo de jóvenes ganó su litigio este verano, como otros que se han ganado en diferentes lugares del mundo, menos en nuestro país, donde los jueces han dado la razón al Gobierno de España, al que los grupos ecologistas denunciaron por falta de ambición en sus políticas ambientales. El juez vino a decir, que estamos cubriendo el expediente, el mínimo que se nos exige en Europa, y eso, ya es suficiente.

Pero han ido más allá. La Fiscalía, en una decisión vergonzosa, deleznable, que demuestra el vasallaje a las grandes empresas contaminantes, ha declarado a los grupos Extinction Rebellion y Futuro Vegetal como grupos terroristas (igualándolos a ETA, al GRAPO, o a los yihadistas), bajo el subapartado de “ecologismo radical”, por protestar frente a las multinacionales, por cortar carreteras sin autorizaciones, y reivindicar sus acciones públicamente invitando a más ciudadanos a secundarlos.

Pegar las manos a las cristaleras del BBVA, o al marco de un Van Gogh, o simular un derrame de crudo en la puerta de la sede de REPSOL, no es lo que les da miedo, lo que los asusta y por eso atacan con esas leyes injustas, intimidatorias, coercitivas, es que vayamos contra ellos, que nos unamos a las justas reivindicaciones de los jóvenes.

Ellos son los terroristas, que generan terror, inseguridad, violencia para llenar sus bolsillos, y los jueces y los políticos que los amparan, los defienden y ensalzan, son cómplices de terrorismo. No los jóvenes, ellos son nuestra esperanza, por eso no los mires pasar, únete a su lucha. Pelean por ti, por la vida.

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