Despedida a un concejal

(Moisés S. Palmero Aranda, Educador ambiental) Las noticias de la dimisión de Francisco Pérez Sánchez como concejal de Agricultura y Medio Ambiente del Ayuntamiento de El Ejido, no dan mucha información, salvo el poco creíble, políticamente hablando, “por motivos personales” y los agradecimientos de rigor, que vuelven a demostrar la caballerosidad, o eso creo yo, con la que actúa Fran en el mundo de la política. Lo expreso en presente, porque confío que el comunicado no haya sido a modo de esquela, sino un simple punto y aparte, y como recitaba Antonio Machado, siga soñando caminos.

Entiendo, sin tener más datos que la escasa nota de prensa, que las elecciones de mayo pesarán sobre esa decisión. Es hora, en todos los partidos, de hacer balance y reorganizar la estrategia. La música ha empezado a sonar y todos bailan nerviosos alrededor de las sillas vacías, posicionándose, abriéndose paso a codazos y zancadillas, afilándose uñas y dientes. Las forzadas y seductoras sonrisas ante los ciudadanos para conseguir un voto, se transforman en rictus de tensión de puertas para adentro, donde los dimes y diretes corren como la pólvora, los sonidos de sables suenan en cada rincón, las decisiones finales pueden sentirse como un puñal de claveles y las balas blancas (para las ovejas negras) de los cajones son cargadas en la recámara.

Insisto, desconozco lo ocurrido, pero todos sabemos que en política no hay amigos, las emociones quedan en un segundo plano, y la confianza en los compañeros es frágil y quebradiza si ves peligrar tu puesto. Por eso, cuando todos te señalan, dudan de ti, el día a día es un suplicio, o no consigues lo que crees que te mereces, lo honesto, para ti y para los que fueron tus compañeros, es marcharse. Aferrarse al puesto, aguantar, pelear, resistir hasta el final, es alargar la agonía, es debilitar el proyecto en el que creías, es no reconocer que ya no te sientes parte del equipo.

Algunos pensarán que es una cobardía, una derrota, una llorera, una traición  a los ciudadanos a los que te debes, pero donde no te sientes querido, valorado, es mejor no estar. Se acabó, porque como también recitaba Machado, “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar,…”.

No sé si Fran perseguía la gloria, ahora eso da igual, pero si algo hemos de agradecer aquellos que queremos poner en valor el medio ambiente, es que nos escuchase, apoyase y entendiese. No es poca cosa en un pueblo donde hablar de conservación, de sensibilización y educación ambiental es casi un acto de traición a nuestros vecinos, a nuestra agricultura, a nuestro modo de vida.

Siempre he defendido una Concejalía de Medio Ambiente solitaria, con autonomía, y que no fuese el complemento y la coletilla ni de Agricultura ni de Urbanismo. Será difícil, lo sé, pero al menos, lo importante, es que su concejal crea en ese equilibrio básico que tenemos que encontrar para desarrollarnos económicamente, pero sin sacrificar ecosistemas, ni hipotecar el futuro ambiental de las próximas generaciones, como ocurrió con el legado que nos dejaron de una Sierra de Gádor empobrecida, deforestada.

No hemos sido muy exigentes en las que cosas que le proponíamos, pero gracias a su capacidad de escuchar, a su cercanía, a su practicidad, a su  sinceridad cuando hemos pedido quimeras, a su naturalidad para bajarse al barro y mancharse las manos, lo hemos visto retirar 25 toneladas de plástico en Punta Entinas, convocar a los jóvenes para retirar los neumáticos que un desaprensivo sigue vertiendo allí, organizar limpiezas de playas, itinerarios didácticos, semanas del medio ambiente, llevando las escaleras para colocar refugios de murciélagos, descriminalizar las zonas naturales como el origen de los mosquitos, pedir informes sobre los humedales del poniente e incluirnos alguna vez en foros de agricultura. Pequeñas cosas, que para muchos eran su obligación, que quizás no sirven de nada, que son baratijas en el puesto de un mercado, palabras para destruir murallas de acero, pero que para nosotros eran importantes, semillas que al menos había que plantar, aunque sus frutos los recojan las generaciones futuras.

Agradecidos Fran por hacer un hueco a la educación ambiental en el municipio, y recuerda, ya que has pasado media legislatura arreglando caminos,  que “al andar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”.

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